Auto auyda en ser feliz

Auto ayuda en ser feliz.

Queremos ir en los centros penitenciarios, ir en los orfanatos, asilos, hospitales a evangelizar.

Sí, ¿pero evangelizar qué? Si no somos felices. Si no nos amamos a nosotros mismos.

Queremos crecer como iglesia. Pretendemos poder dar una ayuda moral a los visitantes, cuando nuestras propias vidas están todavía repletas de inmoralidades. El pecado nos tiene encarcelado y nos impide vivir la libertad que nos quiere dar el Espíritu Santo. Debemos decidir romper con nuestra manera pecaminosa e inmoral de vivir.

 Ejemplos de algunas inmoralidades que vivimos hoy día en nuestras familias;

La fornicación: El concubinato no es un matrimonio, hasta los homosexuales lo saben muy bien.

Las enemistades, los celos entre hermanos, las disensiones entre hermanos no deberían existir. Es inmoral.

La disensión es la oposición o la falte de acuerdo entre varias personas por su forma de pensar o por sus propósitos. Todavía estamos encarcelados en nuestro viejo hombre y no logramos ser felices.

 

¿Quieres ayudarte a ser feliz? Bien, pues, Dios dice; mi casa será llamada casa de oración.

El  fruto del Espíritu Santo en nuestras vidas es el amor.

¿Cómo hacer madurar el fruto del  gozo, de la felicidad en nuestras vidas?

 Orando. Y te preguntarás. ¿Cómo voy a lograr ser feliz orando? A través de la oración aprenderás a;

A/ A conocer y reconocer la grandeza del Dios creador todopoderoso. Él es amor y en el amor hay felicidades.

B/ A amarte tal cómo eres, sin complejos y a aborrecer tu vida pecaminosa. El pecado no lleva a un feliz final.

C/ A dar tiempo a Dios para que él resuelve tus problemas y descansarás en Él. Stg 1.3 La prueba de fe produce…

D/ A ser agradecido/a a Dios por la libertad que Él te da y a dejarle a Él obrar. Eso relaja, produce paz y alegría.

Sí aprendes a orar, para tener una verdadera relación con Dios, lograrás calmar tus tempestades, lograrás dejar de lamentarte, lograrás obtener una felicidad constante. No una euforia, sino una estabilidad de alegría.

 

Leyendo la palabra de Dios.

Ro 10.17 La fe es por el oír, leer, conocer. He 11. 6 Sin fe es imposible agradar a Dios.

La palabra no está solamente escrita para que podamos adquirir conocimiento. Si no, para que a través del conocimiento sepamos protegernos de los malos espíritus. Es nuestra armadura para defendernos de los ataques de los malos espíritus que nos quieren derrumbar en pensamientos negativos y muy tristes.

Las promesas de Dios deberían llenarnos de regocijo. Ap 1.3 Feliz el que lee y los que oyen las palabras de está profecía, y guardan las cosas en ellas escritas. Entonces leamos las escrituras para sentirnos felices.

 

Reuniéndome con otros que aprenden a ser feliz.

Los resultados se ven en la perseverancia. No es porque hemos aceptado a Jesús cómo nuestro Señor y Salvador que somos felices. Algunos de nosotros están en plena  guerra espiritual y todavía no pueden sentir el gozo de la presencia de Dios. Están en el segundo cielo peleando y no han llegado al tercer cielo, a la presencia de Dios donde reina la paz y la alegría. La comunión de los hermanos nos ayuda a todos a cambiar mentalmente. Oramos los unos por los otros y aprendemos a sentirnos útil en el centro de la comunidad. En comunión con los hermanos, perseverando en la oración, nuestra mentalidad cambia de pesimistas en optimistas.  Sal 30.11 Has cambiado mi lamento en baile; desataste mi cilicio, y me ceñiste de alegría. Es el resultado que obtendremos si perseveramos, animándonos los unos a los otros. Pero, para ser felices, debemos dejar operar el espíritu santo en nuestras vidas y esforzarnos en buscar a conocer la vida espiritual que nos ofrece el Señor.

 

Debemos reconocer que dentro de nosotros no hay nada bueno. Que nos equivocamos continuamente. Que pecamos continuamente y que el resultado de esta vida pecaminosa nos separa de la presencia de Dios y de la felicidad. Debemos reconocer que oramos muy poco, que leemos muy poco la palabra, que pasamos poco tiempo espiritual entre hermanos y que está falta de espiritualidad nos impide ser feliz.

Hoy, tomemos resoluciones firmes de orar más, de leer más de la palabra y de buscar refugio en los hermanos/as.

Mientras adoramos a nuestro Dios, pídele que te dé amor por la oración. Pacta con Dios. Por ejemplo, dile sencillamente, Señor yo me esforzaré a orar más. A cambio has de mí una persona feliz, para que mi vida sea una fuente de alegría para los demás, en el nombre de Jesús.

 

 

 

Bosquejo del pastor René.

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