El dilema de Poncio Pilato

El dilema: “Platicar o enmudecer”

Todos, en un momento u otro de nuestra vida cristiana. Nos enfrentamos a un dilema: Debo o no aleccionar a mis amigos. Sabemos que muchos de nuestros seres queridos siguen la corriente de esté mundo. Viven como si Dios no existiría y también sabemos que sin santificación nadie vera a Dios. Vemos como van a la perdición.

Jesús, no quito la enfermedad del mundo. Sólo sano los que a Él venían.

Jesús no convirtió al mundo cuando estuvo en la tierra. Incluso, no se convirtieron todos. Sino que le mataron.

Si Jesús no sano, ni convirtió a todos, debemos saber que tampoco lo lograremos nosotros.

Jesús sano a todos los que vinieron a Él y exclusivamente a los que a Él venían con fe. Si deseamos que el mundo sea sanado de su perversa mentalidad, debemos llevarlo a Jesús. No podemos contentar a todos.

Amamos a nuestros seres queridos, nuestros vecinos, nuestros compañeros de trabajo. Pero si les hablamos de Dios nos dan la espalda o se enfadan con nosotros. Así que, no sólo no logramos convertirles. Sino que se enfadan y se alejan de nosotros. Jesús nos advirtió que seriamos aborrecidos por ellos. Mt 5.11 Feliz sois cuando por causa de mí…

Jesús advirtió que seriamos aborrecido del mundo.

Jn 16.2, 3Y aun viene la hora cuando cualquiera que os mate, pensará que rinde servicio a Dios. Y harán esto porque no conocen al Padre ni a mí. Nuestra piedad y nuestra santidad nos desenmascaran.

2Tim 3.12 Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución.

Jn  15.18-19 Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros.

Si fuerais del mundo el mundo amaría a lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece.

Hch 14.22 Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios.

Lectura de: Lucas 12.49-53 Jesús causa de división

V.49 Fuego vine a echar en la tierra; ¿Y qué si ya está encendido? Los hermanos de Jesús no le querían porque su mensaje rompía con sus costumbres y sus tradiciones. A nosotros nos pasa lo mismo. Es normal que nos rechacen.

V.51 ¿Pensáis  que he venido para dar paz en la tierra? Os digo: No, sino disensión. (Mr 3.21 y 31) Madre y hermanos.

 

Más que unas maravillosas predicas (profundas, teológicas) nuestros familiares quieren ver un cambio en nosotros.

Los que nos visitan y que no nos conocen quieren ver algo diferente en nosotros, en nuestra manera de resolver nuestros conflictos, o problemas. Deben ver que no buscamos nuestra felicidad en el mundo o en lo que nos ofrece.

Sino en Dios y en nuestra búsqueda en complacerle. Deben leer el evangelio de Jesús en nosotros.

Ez 33 “El deber del atalaya” v.7 A ti, pues, hijo de hombre, te he puesto por atalaya a la casa de Israel, y oirás la palabra de mi boca, y los amonestarás de mi parte.

El que calla, otorga dice el refrán popular. Entonces, debemos hablar y enseñar la voluntad de Dios.

Lc 10.3 Id; he aquí yo os envió como corderos en medio de lobos.

Lc 10.9 Sanad los enfermos… y decidles: Se ha acercado el reino de Dios.

Lc 10.12 Y os digo que en aquel día será más tolerable el castigo para Sodoma, que para aquella ciudad.

Ánimos para los que sufren persecución.

Jn 16.33 En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.

Sal 27.10 Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, Jehová me recogerá.

El dilema de Pilato

Poncio Pilato también se confronto con un dilema.  Aseguro mi puesto o salvo a un inocente.

 

Promesas y recompensas para los que vencen.

Ap 2.7 Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios.

Ap 3.5 El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no será borraré su nombre del libro de la vida.

Ap 3.12 Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; y escribiré sobre él

Ap 3.21Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono.

Jer 15.19 Si te convirtieres, yo te restauraré, y delante de mí estarás;

Y si entresacares lo precioso de lo vil, serás como mi boca. Conviértanse ellos a ti, y tú no te conviertas a ellos.

Entonces hermanos no dudamos en predicar el evangelio de nuestro Señor Jesucristo. Sea por nuestro testimonio, nuestras obras, nuestras alecciones y  nuestro amor. Pero seamos firmes. Estemos donde estemos prediquemos el evangelio. Sea  quien sea (lo necesita) prediquemos de la segunda venida de Jesús. A tiempo, fuera de tiempo. Pero con astucia y constancia. Prediquemos la palabra de Dios.

 

 

Bosquejo del pastor René.

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